martes, 3 de noviembre de 2009
Veintisiete de Septiembre Dos Mil Nueve
Segundo viaje.
Mismo dilema, mismas razones, mismo trajín.
Quinta vez que abordo un avión.
Misma sensación de despegue.
Adiós estómago! Saludos a los intestinos allá en la tierra!!
Con los oídos tapados por la presión, el mundo se vuelve mas silencioso de lo que en realidad es.
Trago saliva y el ruido toma posesión de la realidad una vez mas.
30 mil pies de altura, y todo se ve pequeño. Yo sigo apretujado cual sardina enlatada.
30 mil pies de altura y todos los kilómetros por hora que te puedas imaginar.
4 horas me verán pasar por incontables puntos imaginarios en el cielo. Benditas coordenadas que pasan volando junto al tiempo.
4 horas críticas, pues no nací con alas y me encuentro mas alto que muchas aves.
El destino.
Todo se reduce a eso. El destino que me espera, con su tierra firme cual cuna delicada que arrullara mis sueños.
Destino. Equivocado destino. Pues lo importante para mi en este momento no es hacia donde me dirijo, sino hacia donde mi corazón quisiera regresar.
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